domingo, 12 de junio de 2016

COMUNICACIONES
Una carrera universitaria es el sueño de todo joven pero no todos pueden cumplirla.
La historia de Oscar Dávila, tras su primer día en la Escuela de Ciencias de la Comunicación.
Óscar Dávila Amézquita
oscardavila2096@gmail.com

Marzo del 2014, Universidad Nacional de San Agustín, Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación, tercer piso, aula 301, siete de la mañana. Oscar Dávila más puntual que nunca, primer día de clases. Una nueva etapa en su vida comienza, grandes sueños y metas por cumplir. La vida universitaria empieza para él, la idea de una carrera en la universidad se empieza a forjar, Abrir la mente hacia una visión diferente.

Nuevos amigos, un  mundo nuevo por descubrir, empezar de cero, la etapa del colegio ya culmino. Oscar, con el firme propósito y la fiel convicción de dar lo mejor de sí para lograr sus objetivos. Todo para él es nuevo ya no son los profesores de colegio, los viejos amigos ya quedaron atrás. Empieza una nueva etapa, ahora solo depende de sus capacidades y aptitudes para  mantenerse en la universidad de la manera más óptima.

 Es el primer día de clases y casi nadie se conoce, nadie se habla, el salón esta en  silencio, el profesor todavía no viene y la espera se hace inmensa. Ya va ser las ocho y todavía no llega el catedrático, la gente empieza a socializar un poco, el ambiente ya no parece ser tan tenso, la escuela es Comunicaciones y por ende tienen que comunicarse. Y de repente ingresa el educador todo presuroso, luce un elegante terno, camisa blanca, zapatos negros con el último grito de la moda.

Los primeros días sin duda fueron algo complicados, hacer nuevos amigos, socializar con personas desconocidas, la universidad es un conglomerado de jóvenes de diferentes lugares.  Oscar recuerda a su compañera Andrea pues ella fue con la única que se habló el primer día de clases. Ya para la primera semana de clases las cosas iban cambiando, ya todo se tornaba más fácil, ya casi todos se conocían y se hacía más factible la interacción entre todos.

Con es pasar de las semanas, los primeros meses, Oscar ya se sentía más cómodo. Conoció a sus nuevos amigos, Geanpierr, Jaime, Poll, Carlos, Claudio, entre otros. La vida universitaria no era tan fácil, las cosas no eran como parecían, todo era diferente al colegio. Las cosas ya dependía de cada uno, si eres responsable bien y sino tú mismo te perjudicas. Los cursos que se dictaban eran algo complicado pero muy interesante.

El primer curso a dictarse es Propedéutica de la Comunicación. Oscar dice recordar muy poco de este curso, pero el que todavía no olvida es Cálculo en una Variable, pues por casualidades de la vida y por no gustarle las matemáticas lo jalo. Pero no se hace muchos problemas pues en el segundo semestre lo recupero junto con algunos compañeros. Fue uno de los primeros tropiezos de la vida universitaria de Oscar.

Han pasado ya dos años del aquel marzo del 2014, Oscar ya está en tercero de pregrado aunque las cosas no han cambiado mucho desde primero. Él sigue entusiasmado con la carrera,  y espera terminarla satisfactoriamente. Solo le faltan dos años para poder culminarla y eso lo llena de gran ilusión y satisfacción. El tiempo pasa rápido dice Dávila, pareciera que hubiera sido ayer cuando empecé esto  pero ya estoy en la mitad y eso me alegra.

Fuentes:
Oscar Dávila, Poll, Jaime, Claudio, Geanpierr, y demás compañeros.



IMÁGENES

Descubrí mi pasión gracias a un obsequio no esperado. Carlos.
Puedes mirarlo todo pero puedes captar el momento más importante en una fotografía.

Óscar Dávila Amézquita
oscardavila2096@gmail.com

20 de febrero del 2010, para todos puede ser un día normal pero no para Carlos Díaz. Es del día de su cumpleaños y espera con gran felicidad y muchas ansias los regalos por tan importante fecha. Carlos como todo adolecente  esperaba un celular, una consola de videojuegos, una bicicleta, etc. Pero el regalo que menos esperaba y que en un futuro sería muy determínaNte para su vida era una cámara fotografía por parte de su padre.

La cámara fotografía para Díaz era una verdadera novedad, él estaba fascinado con el regalo. Sin pensar le iba encontrando el sentido a ese obsequio que menos esperaba. Con el pasar de los días y los meses se iba notando esa complicidad entre la cámara y Carlos. Es entonces que el regalo menos esperado y hasta despreciado  se estaba convirtiendo en el objeto más apreciado por él. Sin pensar que la fotografía de convertiría en una de sus pasiones.

Carlos no sabía nada de cámaras, el solo pensaba en jugar o hacer cualquier otra cosa. Pero gracias a ese presente, Díaz logra insertarse en el maravilloso mundo de la fotografía. La complicidad fue tanta que Carlos no podía dejar su cámara. La llevaba para todos lados, no podía estar sin ella, era algo indispensable es su vivir del día a día y despertó en él  esa bendita manía de querer fotografiarlo todo lo que estaba a su alrededor.

El todavía recuerda su primera fotografía como si hubiera sido ayer, fotografíe a mi madre  dice Carlos, y todavía mantengo asa foto bien conservada en la pared de mi cuarto y espero este allí  por mucho tiempo. Tengo muchas fotografías que guardo con mucho recelo, de mis hermanos, de mis padres, de mis sobrinos, de mis mascotas en fin hay bastantes. Pero una muy especial de mi abuelo, quien falleció hace un año, añade Díaz.

Han pasado exactamente diez años de la primera cámara de Carlos, pero que todavía aún conserva en aquel viejo baúl de los recuerdos. Las experiencias que le ha tocado vivir a Díaz junto a su cámara son bastantes, desde retratar a su artista preferido en un concierto por el año 2011, hasta captar un asalto en una pollería cerca a su casa. La fotografía es lo que le apasiona, el arte por captar los más mínimos detalles.

La pasión que despertó en Carlos, esa cámara que nunca espero es tremenda. Tomar una foto es construir una propia historia, a través de las imágenes se puede retratar mucho de lo que no se aprecia a simple vista. Tener una cámara en la mano para Carlos es determínate, pues es su principal arma para captar cualquier hecho. Las fotos son parte de la vida misma, son una mirada distinta y te dan un amplio panorama para poder observarlas con mayor detenimiento.

A través de la fotografía Carlos puede inmortalizar momentos para que estos sean vistos por futuras generaciones. Como el mismo lo dijo, puedes mirar todo pero puedes captar el momento más importante en una fotografía. El romance entre la fotografía y Carlos nació hace diez años por una casualidad que él no se esperaba. Gracias a ese obsequio pudo descubrir lo que verdaderamente le apasiona lo que siempre quiso y gracias a su padre pudo descubrir.

Fuentes:
Carlos Díaz, y demás familiares.
“AVELINO”
Madre coraje logra sacar adelante a toda su familia gracias a su esfuerzo y a su perseverancia.
Una historia de una vendedora ambulante digna de admiración.

Óscar Dávila Amézquita
oscardavila2096@gmail.com

Tener que madrugar todos los días para una persona normal puede ser muy complicado. Levantarse a las dos de la madrugada mucho peor, todo lo que esto significa lo puede graficar Hilda García, una vendedora ambulante de verdura del “Avelino”. Lleva desempeñando este trabajo por más de diez años y asegura todavía no haberse cansado. Los 53 años que pesan sobre ella no parecen ser impedimento ni mucho menos una excusa para dejar de trabajar.

Con 43 años, Hilda, recién llegada de la provincia de Caylloma a la ciudad blanca, avizoraba un futuro incierto, con dos hijos que mantener todo parecía ser más difícil. Diez años después la señora García siente que por fin la vida le sonríe. El trabajo que ella realiza no es para nada fácil, pues involucra mucha dedicación y mucho esfuerzo. Ya a sus 53 años la señora Hilda, se nota cansada pero con muchas ganas de seguir sacando adelante a sus hijos.

Ya son las dos de la madrugada e Hilda tiene que levantarse, hacer el desayuno para sus hijos, abrigarse y salir en dirección al paradero de donde la recogerá el señor Yuyo, que verdaderamente se llama Manuel. El señor Yuyo es el taxista que la  lleva todos los días al Avelino. Siempre el taxista a la misma hora y la señora García más puntual que nunca, a pesar de este frio de invierno que azota más que nunca.

Los días en el Avelino para Hilda son una verdadera prueba. Tiene que soportar todas las adversidades que implica un trabajo informal, no tener un seguro, no tener una remuneración fija, trabajar más horas de lo debido,  en fin son muchas cosas lo que ella soporta. Pero a pesar de todas esas adversidades Hilda no se da por vencida y sigue adelante con el firme propósito de trabajar para educar a sus dos  hijos que ya están en el instituto.

Pero no todo es mala suerte para Hilda García, pues en los diez años que lleva trabajando como vendedora ambulante ha logrado conseguir un puesto en el mercado mayorista Metropolitano. Ya con este puesto las cosas se le facilitan un poco para Hilda, pues ya no tiene que estar caminando por las calles, escapando de la policía municipal. Las cosas han cambiado un poco dice Hilda, pero igual tengo que seguir madrugando y eso es lo más pesado.

El esfuerzo de Hilda por fin se ve recompensado, todos los días  que tuvo que madrugar por fin van dando sus frutos. La señora García es la madre coraje, la que tuvo que sacrificar muchas cosas por el bien de su familia. La educación de sus hijos fue el principal impulso para nunca rendirse. Santiago y Carla son los hijos de la señora Hilda, ellos se sienten muy orgullosos de su madre y son conscientes del sacrificio de su madre.

A diez años de su llegada, la señora Hilda García, ha logrado por fin estabilizarse en la ciudad blanca. El arduo trabajo que realizo en toda su estadía le ha permitido lograr muchas cosas tanto personales como materiales. Dejando todo su pasado en la provincia de Caylloma en busca de nuevos horizontes parece haber logrado ya gran parte de sus metas.  Actualmente su trabajo ha cambiado y ha decidido dejar  las verduras por las frutas.  

Fuentes:
Hilda García, Santiago, Carla, Manuel y demás comerciantes.







“TROLO”
Son los amigos más fieles, no te piden nada a cambio y sin embargo lo merecen todo. 
Tu perro es el único ser que te quiere más que tú mismo, Marcos Daniel.

Óscar Dávila Amézquita
oscardavila2096@gmail.com

Tener una mascota dentro de la familia implica una gran responsabilidad, tener que bañarlo, alimentarlo, sacarlo a pasear, llevarlo al veterinario en fin demanda muchas cosas. Y para una persona que no le gusta los animales prácticamente sería una misión imposible. Pero no para Marcos Daniel un hombre que da la vida por su mascota. Era Agosto del 2005 cuando el famoso “Trolo” llego a su vida y lo cambio todo.

Han pasado más de diez años desde la llegada de Trolo. Un hermoso pastor alemán, que ha podido sacar todo el amor de Marcos para con los animales y especialmente con los perros. Desde que llego Trolo, mi vida ha cambiado dice Daniel, es como mi hijo, mi mejor amigo, el que nunca me falla, el que siempre está ahí. Cuando llego a casa, él es el primero que me recibe, se me acerca y me mueve la cola y siempre revisa mi mochila en busca de algo rico para comer.

Trolo, es mi mejor amigo, a veces ciento que es el único que me entiende, y el único que no busca defectos en mí. Los perros llegan a ver y sentir admiración por su dueño. Ven a ese ser maravilloso y ¿por qué no esmerarnos por ser lo que ya somos para ellos? ¡Se lo merecen! Merecen ser amados, protegidos, acobijados y cuidados. Ellos te aman más de lo que llegas a amarte tú mismo. Se crean expectativas muy altas de ti, ¡no los defraudes! Dice Marcos mientras juega con su perro.

Son seres que sienten y la mayoría de las veces resultan mucho más sensibles que el mismo ser humano. Ellos sienten tu tristeza, tu dolor, tu enojo, tu alegría y tu preocupación. Si tu estas feliz, él seguramente lo notará y querrá jugar contigo y moverá su colita como sinónimo de que le has contagiado tu felicidad. Es así como es Trolo, sabe entender a Marcos cuando está enojado o triste y prefiere echarse o sentarse al lado de él e intentara lamerle para que se alivie su enojo y le preste atención.

Marcos Daniel, ha podido descubrir que son los amigos más fieles, no te piden nada a cambio y sin embargo lo merecen todo. Desde que ha llegado Trolo a sus manos siempre lo trato con amor. Siempre está pendiente de sus debidos cuidados, de su alimentación y de consultar su salud las veces que sean necesarias. Necesita de atención y por supuesto del tiempo de Marcos, de sus mimos, de sus juegos, de salir a pasear en fin se necesitan ambos.

Toda esa atmósfera de felicidad que vive Marcos con su mascota, se ve un poco resquebrajada por el deterioro de la salud de Trolo. Ya por la avanzada edad del pastor alemán, que se refleja en su mirada algo perdida y los pocos dientes que aún le quedan. Pero hay algo que lo reconforta es el gran amor que hay del amo hacia la mascota y de la mascota hacia el amo. Es de aquellos amores que nunca se olvidan y que perduraran por siempre.

Quien nunca ha tenido la dicha de compartir sus días con este gran ser, se ha perdido de saber lo que es el amor puro, sincero e incondicional. No son solamente el mejor amigo del hombre, lo son del ser humano. Edúcalos con amor y no sabrán más que dar otra cosa que no sea eso. Son parte de la familia, No maltrates, no abandones y sobre todo cuida de ellos, como ellos lo hacen de ti. 

Fuentes: 
Marcos Daniel, y sus familiares.
DESAFORTUNADO

Oscar, es una prueba viva de esperanza ante las adversidades de la vida.
La cosa más importante en la enfermedad es nunca perder las ganas de luchar.
Óscar Dávila Amézquita
oscardavila2096@gmail.com

Oscar Dávila, todavía no entiende porque la vida le ha sido tan difícil. Todo parecía transcurrir con normalidad para él y para su familia. Pero aquel 15 de febrero del 2006 según cuenta Oscar, sentía que su vida literalmente pendía de hilo, curiosamente faltaban cinco días para su cumpleaños y este no era específicamente el regaló que él esperaba. Todo parecía confabular en su contra, el destino una vez más se ensañaba con él, se avizoraba un futuro incierto, una enfermedad lo aquejaba y una operación esperaba por él.

 Diez años después, Oscar nos cuenta todo lo que le ha tocado vivir a raíz de esa enfermedad. Hablar de este tema para él es algo complicado, pues se le vienen a la mente muchos recuerdos que prefiere olvidar y dejarlos en el pasado. Y es que todavía quedan algunas secuelas de aquella operación. Lo que le tocó vivir a Dávila fue un periodo muy duro, no solo para el sino también para su familia y en especial para su madre. Según él, ella fue el principal motivo  que lo impulso a seguir adelante a pesar de la adversidad.

Era octubre del 2005, Oscar, como todo niño jugaba con sus demás amigos en la plaza de Viraco, un distrito de la provincia de Castilla, se festejaba la fiesta de la Virgen del Rosario, la algarabía y la felicidad era tremenda. Pero como todo niño travieso Oscar, se acercó a donde estaba los juegos artificiarles y sin percatarse  uno de estos exploto, ocasionándole un gran malestar en el oído derecho. Es ahí donde empieza la pesadilla de la familia Dávila Amézquita,  y el pequeño empieza a vivir lo que sería su peor prueba de vida.

Tras varias semanas de asistir al Centro de Salud de su distrito, Oscar ya sentía una leve mejoría y el dolor en su oído iba desapareciendo con el pasar de los días. Todo parecía volver a la normalidad sin pensar que esto empeoraría. Ya en el mes de diciembre el dolor otra vez regresaría pero no le tomarían mucha importancia y es así que dejan pasar el tiempo. Sorpresivamente la mama de Dávila unas semanas después se percata que su hijo tiene una inflamación a la altura del oído y decide llevarlo otra vez al centro de salud.

Las noticias no son tan malas, según un primer informe le dijeron que la inflamación se debía a una gripe mal curada y le dieron algunas pastillas para tal fin. Pero con el pasar de las semanas un pequeño tumor se hacía cada vez más vistoso en lado derecho del cuello y la preocupación surgía en la familia,  es así que deciden llevar a Oscar a la ciudad de Arequipa para  realizarle unos análisis y determinar qué es lo que verdaderamente tenia. En la clínica San Juan de Dios, los doctores le diagnostican que era un tumor por la inflamación de un Ganglio y que era necesaria una intervención quirúrgica.

Aquel 15 de febrero le esperaba un quirófano y una operación, según cuenta Oscar que su peor temor era abandonar la clínica en un ataúd. Ya eran las trece horas y el momento había llegado. Papá y mamá se despedían con un fuerte abrazo, unas lágrimas brotaban por las mejillas de mi madre,  yo entraba en llanto y la camilla empujada por una enfermera vestida de blanco avanzaba presurosa en dirección al quirófano. De donde yo no sabía si iba a salir.

La espera había terminado, tres horas después salió de la sala de operaciones, el pequeño había superado una nueva prueba de la vida y es testigo de que si se quiere se puede. Actualmente ya han pasado más de diez años de aquella operación y Dávila todavía la recuerda como si hubiera sido ayer. Ya con 20 años considera que le queda mucho por hacer, y muchas pruebas todavía por superar –OSCAR.

Fuentes:
Oscar Dávila, Tomasa Amézquita, Darwin Dávila, Doctores.